El rincón donde la tierra es suficiente y eficiente (+ fotos e infografías)

Camagüey- Pocos imaginan que, al dejar atrás las lomas de desechos que día tras día se acumulan a la entrada del Camino del Acueducto, en la provincia de Camagüey, los amantes del campo podrían encontrar un excelente destino rural.

Nos alejamos 4,5 km de la ciudad para llegar a la finca El Justo, en la comunidad de Cabeza de Vaca. Esta propiedad está asociada a la Cooperativa de Créditos y Servicios 21 de Septiembre. Aunque su propietario no siempre tuvo este plan en mente, hoy forma parte del proyecto «Fincas agroecológicas para el turismo».

Salirse del plan, a veces funciona

Cuando se habla de hacer producir la tierra, la imagen que acude a la mente es la de lo tradicional: sembrar, cosechar, criar animales y cumplir un plan previamente establecido. Esa era la idea que tenía Justo González Jiménez cuando decidió dedicarse al cultivo de su terreno. Sin embargo, el destino lo guiaría hacia un propósito mayor.

Lo primero fue despojar a la propiedad del marabú y delimitarla con cercas.  Una vez preparado el terreno y hechos los surcos, comenzó la siembra. Casi una hectárea de plátanos estaba plantada cuando notó que la cepa estaba contaminada, y debido a esto la producción se perdió. Pese a todo, Justo no se detuvo: sembró otros cultivos y continuó con la cría de ganado.

Tiempo después conoció las 63 medidas implementadas por el Ministerio de Agricultura para dinamizar la producción agraria. Informado debidamente, decidió dar un nuevo enfoque a su trabajo.

Nunca tuve en mente transformar mi propiedad en una finca agroecológica, mucho menos con fines turísticos. Fueron los fracasos los que me guiaron a este camino, me confiesa mientras recorremos la finca.

Natural, saludable y sostenible 

Orgulloso, me lleva al área de los cultivos. Explica detalladamente cada técnica: cómo convierten el estiércol en fertilizante natural; cómo hacen «cercas vivas» a partir de los troncos de diferentes plantas. Me explica que la agroecología es una ciencia aplicada, una forma de entender la tierra como sistema vivo y aprovechar al máximo lo que esta ofrece.

Me encantaría que las personas que nos visiten o escuchen sobre nosotros comprendieran la importancia del trabajo que realizamos, añade. Nos esforzamos cada día por cultivar lo más sano posible, no solo porque sabemos los beneficios que esto aporta, sino porque es verdaderamente rentable. Sustituimos los fertilizantes químicos por plantas cuyas esencias naturales repelen las plagas. Eso, además de saludable, nos ahorra presupuesto.

Mientras hablamos, observo las prácticas que describe: la integración de distintas especies que conviven en el mismo espacio protegidas entre sí. Reconozco el tono oscuro de la tierra que ha sido nutrida con abonos orgánicos, compost y humus de lombriz. Me cuenta del manejo integrado de plagas, del control biológico con insectos benéficos que evitan el uso de venenos, y de muchas otras prácticas que antes me eran ajenas.

Comprendo que la agroecología, además de todo lo que me ha explicado, es sencillamente amar a la tierra a capela, tal cual es, porque ella por sí sola es suficiente y eficiente. Me consta que en El Justo se siembra con amor, y eso es admirable.

La cosecha que se comparte 

Sin embargo, Justo no habla solo de producción. Habla de responsabilidad.

Primeramente tenemos el deber, el compromiso y la responsabilidad de aportar a la CCS a la que pertenecemos, pero no solo nos conformamos con eso, también aportamos directamente a la comunidad —afirma con la certeza de quien no concibe otra manera de hacer las cosas.

La finca tributa a la CCS 21 de Septiembre, como corresponde. Pero el compromiso no termina ahí. Parte de lo que se cosecha viaja hacia quienes más lo necesitan: ancianos, embarazadas, niños pequeños y personas con discapacidad. Todos se benefician de la producción. Este es parte del compromiso de la finca: hacer un poco más cada día.

Una ventana al mundo 

Ese sueño de compartir tiene ahora una oportunidad concreta.

https://www.fao.org/family-farming/network/network-detail/en/c/206187/#:~:text=El%20Programa%20de%20Peque%C3%B1as%20Donaciones,que%20funciona%20en%20126%20pa%C3%ADses.

El Justo se suma a la convocatoria del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, implementado por el PNUD. Una alianza que reúne al Fondo Caribeño para la Biodiversidad y al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.

El monto por proyecto asciende a 50 000 dólares. El tema central: la biodiversidad en todas sus manifestaciones, incluidos los seres humanos. Las áreas temáticas abarcan la agroecología en todo su espectro y también las fuentes renovables de energía.

No es solo dinero,me explican, es un reconocimiento. Es saber que lo que se hace en este rincón de Cabeza de Vaca importa, que tiene sentido, que puede volverse ejemplo para otros.

Un último vistazo 

Antes de irme, Justo me invita a recorrer una vez más la finca. La luz de la tarde lo cambia todo. Los árboles parecen más altos, el aire más denso de historias. Me quedo con esa imagen: la del campesino bajo el árbol, con las manos manchadas de tierra y la mirada puesta en un horizonte que no se ve, pero se intuye.

Culmino la visita convencida de que en El Justo la tierra se cultiva con amor. Y ahí, quizás, esté la lección: otro campo es posible, otra forma de vivir, otro modo de llamarle futuro. Porque una sola finca, cuando mira más allá de sus propios surcos, deja de ser un pedazo de tierra para convertirse en semilla. Y las semillas, se sabe, están hechas para multiplicarse. ( Viviannes Pérez Yumar, estudiante de periodismo)

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