En el vibrante corazón del centro histórico de Camagüey, un discreto pero poderoso símbolo se erige como testigo silencioso del paso de los siglos. Se trata de una cruz de madera, conocida por todos como «La Cruz Grande», que desde hace más de 200 años permanece adherida a la fachada de una casa en la calle General Gómez, desafiando al tiempo y a la historia.
Lejos de ser un mero adorno, esta cruz posee un profundo significado religioso y cultural. Era el punto de partida de la procesión del Vía Crucis en la antigua Villa de Santa María del Puerto del Príncipe. Desde este mismo lugar, los fieles emprendían su recorrido espiritual hacia la iglesia de Santa Ana, en una tradición que entrelazaba la fe con el devenir diario de la villa.
El origen exacto de «La Cruz Grande» se difumina en la memoria de los camagüeyanos. Hay quienes sostienen que fue colocada en el siglo XVIII, mientras que otras versiones la sitúan en una época posterior. Sin embargo, lo que nadie discute es su título como la cruz más antigua que aún permanece en pie en la ciudad. Una tarja conmemorativa, colocada por el Ayuntamiento, recuerda la decisión de conservarla como un invaluable testimonio para las futuras generaciones.

Con el tiempo, su significado trascendió lo puramente religioso para convertirse en un potente emblema de resistencia cultural y patrimonial. «La Cruz Grande» ha sido la muda espectadora de guerras, de la transformación urbana y de profundos cambios sociales. Ha permanecido incólume, firme en su sitio, como una guardiana silenciosa de la memoria y la esencia de lo camagüeyano.
Hoy, al caminar por la calle General Gómez y alzar la mirada hacia esa fachada, no solo contemplamos madera carcomida por los años. Estamos frente a la huella imborrable de una ciudad que se reconoce en sus tradiciones, que honra su pasado y que, a través de pequeños grandes símbolos como este, defiende y reafirma su identidad.
