Rostros jóvenes de la ciencia en Camagüey

En tiempos en que la ciencia cubana se renueva con el ímpetu de sus jóvenes, varios son los que desde las ciencias médicas en Camagüey recibieron reconocimientos por su labor. Entre ellos se encuentran el Dr. Lismar Ledián Hernández Arias, residente de primer año en Ortopedia y Traumatología, distinguido como Vanguardia integral por su trayectoria investigativa, y Cristian José Arencibia Pagés, estudiante de cuarto año de Medicina, director de la revista científica estudiantil Pro Galeno y premiado en el Concurso Anual de Salud 2025. Sus historias revelan cómo, desde la juventud, ya se construye una sólida reserva científica.

La multidisciplinariedad como brújula

La conversación con el Dr. Lismar Ledián Hernández Arias se adentra rápidamente en lo que ha marcado su trayectoria: la búsqueda constante de la multidisciplinariedad. Desde sus años de estudiante ha participado en capítulos provinciales de genética clínica, oncología, pediatría y ciencias básicas biomédicas, convencido de que cada especialidad aporta al diagnóstico y al consenso clínico. Para él, la medicina no se fragmenta en compartimentos estancos, sino que se construye en diálogo.

¿Qué lo llevó a insistir en esa visión integradora?
“Durante todo el trayecto de la carrera universitaria he participado en diferentes capítulos provinciales, desde las ciencias básicas biomédicas hasta la genética clínica, la oncología y la pediatría, además de mi especialidad, ortopedia y traumatología. Siempre he tratado de buscar la multidisciplinariedad, porque al final la medicina es una sola. Independientemente de las especialidades, todas tienen algo que ver, aunque sea mínimamente, y siempre existe la forma de vincular esas teorías o hipótesis que uno se plantea antes de llegar a un diagnóstico clínico. Incluso después de tener el diagnóstico, la opinión de otros especialistas resulta esencial para definir la conducta y enriquecer la investigación”, explica con convicción.

Ese enfoque lo ha llevado a trabajar de conjunto con profesores de distintas ramas, como oncología pediátrica y genética médica, logrando que cada caso clínico tenga la mayor cobertura posible desde diferentes ángulos.

¿Podría compartir un ejemplo concreto de esa práctica multidisciplinaria?
“En ortopedia, por ejemplo, cuando me enfrento a un caso que puede tener origen genético, necesito el criterio de un genetista. O si se trata de tumores óseos, consulto con oncólogos. Esa interacción es lo que permite llegar a consensos clínicos más sólidos y publicar trabajos con respaldo científico real”, añade.

Su ejemplo más reciente lo confirma: la publicación de un caso clínico sobre un síndrome genético raro que provocó una fractura patológica en un joven de 21 años. El hecho de caminar le ocasionó una fractura de tibia, y fue necesario el criterio del servicio de genética para definir la conducta médica. “Era un caso muy interesante, algo que no se ve todos los días. Decidimos publicarlo porque aportaba un enfoque novedoso, con características ortopédicas de la enfermedad y apoyo en base genética. Ese trabajo refleja lo que siempre he defendido: la multidisciplinariedad médica como camino para lograr mejores resultados”, recuerda.

A sus 25 años, Ledián combina la formación clínica con la inquietud investigativa. No se conforma con atender al paciente en el salón de guardia; busca entender las causas, documentarlas y compartirlas. Esa actitud lo ha hecho merecedor del reconocimiento como Vanguardia integral, un galardón que premia no solo la calidad de sus trabajos, sino también su capacidad de integrar saberes y proyectar la medicina como un campo común.

Investigación estudiantil como laboratorio de ideas

Con 22 años, Cristian José Arencibia Pagés habla con entusiasmo de una investigación estudiantil que define como “muy dinámica y multidisciplinaria”. Estudiante de cuarto año de Medicina, alumno ayudante de cirugía plástica y traumatología, y director de la revista Pro Galeno, su perfil combina práctica clínica, curiosidad científica y vocación editorial.

—¿Cómo describirías tus líneas investigativas?
“La investigación estudiantil no se centra en un solo tema, uno varía mucho porque tenemos que probar de todo. En mi caso, he trabajado con plasma rico en plaquetas en estética facial, cicatrización de heridas y quemaduras. También participo en proyectos de medicina natural y tradicional, como el uso de un medicamento llamado Grintuss para pacientes asmáticos y con bronquitis.”

Pero lo que más lo apasiona es la intersección entre psicología, psiquiatría y cirugía plástica: “Me interesa cómo los estudiantes de medicina se autoperciben, su aceptación corporal y la presión social que sienten respecto a los procedimientos estéticos. Es un tema poco investigado en Cuba y cada vez más relevante por la influencia de las redes sociales.”

Esa inquietud lo llevó a impartir un curso sobre percepción estética entre estudiantes de la salud, donde además de exponer resultados investigativos, ofreció herramientas para enfrentar la presión mediática. La experiencia confirma que su visión de la investigación no se limita a producir datos, sino también a socializarlos y convertirlos en herramientas útiles para otros. Su rol como director de Pro Galeno refuerza esa vocación.

“Uno aprende a investigar, pero dirigir una revista es otra cosa. Es la parte editorial, de procesos, de aprender cosas que la carrera no enseña. Es gratificante ayudar a otros a publicar sus resultados y ver cómo la revista se convierte en un espacio de socialización científica. Cada investigación que pasa por mis manos me aporta un conocimiento nuevo, porque cada autor plantea hipótesis diferentes y muchas veces los resultados contradicen lo que uno pensaba.”

En 2025, dos publicaciones marcaron especialmente su gestión: un artículo sobre microimplantes como anclaje en ortodoncia, técnica novedosa en el país, y una investigación sobre una nueva técnica de anestesia que, aunque conocida internacionalmente, no se había aplicado en Cuba y surgió de un estudiante.

“Eso demuestra la importancia de incentivar y socializar la investigación estudiantil. No se trata solo de aprender, sino de aportar soluciones que pueden transformar la práctica médica”, afirma.

Cristian ya acumula una experiencia que lo distingue como líder estudiantil y joven investigador. Su discurso revela una convicción clara: la ciencia no es patrimonio exclusivo de los profesionales consolidados, sino también de los estudiantes que se atreven a explorar, innovar y compartir sus hallazgos.

Dos trayectorias que apuntan al futuro

Aunque sus caminos son distintos —uno recién egresado y residente, el otro aún estudiante—, ambos comparten la certeza de que la juventud es capaz de generar ciencia con impacto. Ledián lo hace desde la práctica clínica y la integración de especialidades; Cristian, desde la investigación estudiantil y la divulgación científica.

Sus reconocimientos en el pasado Balance Anual de las Ciencias, la Tecnología, la Innovación y las Sociedades Científicas de la Salud, no solo distinguen logros individuales, sino que anuncian el futuro de la investigación médica en Cuba.
En sus voces se escucha la convicción de que la ciencia no espera a la madurez: se construye desde la juventud, con pasión, rigor y compromiso. Ellos son parte de esa reserva científica que ya comienza a marcar el rumbo.

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