Llegó a nosotros de imprevisto. Era pequeño, redondito, nos cabía perfectamente en una mano. Andaba con torpeza y resbala constantemente causándonos una mezcla de ternura y diversión.
El día que fuimos a buscarlo, quizás por instinto o por pura curiosidad, hizo su mejor esfuerzo por llegar hasta nosotros antes que su hermano. Fuimos a escoger un cachorrito, pero la verdad fue que él nos eligió a nosotros.
Luego de la emoción de las primeras horas, de su primera comida, del primer juego, caímos en cuenta de la realidad: teníamos un pequeño ser indefenso cuál bebé que dependía únicamente de nosotros.
Cómo cualquier padre primerizo vivimos momentos intensos, cometimos errores, quizás los consentimos demás algunas ocasiones. Él, por su parte, tuvo que aprender con nalgadas(que nos dolían más a nosotros) qué cosas no podía comer o a qué partes de la casa no debía entrar.

Ya son 5 meses aprendiendo a amarlo cada día un poco más. Sus patitas llenan cada espacio de la casa. Es nuestro mayor orgullo ver cómo aprende cad día algo nuevo. Y él, él nos recompensa con un amor puro y desmedido. Nos llena de felicidad la vidas.
Y en las noches, cuando todo queda en silencio y él se acurruca en su lugar preferido, me pregunto si cómo el pequeño ser que llegó sin pedir permiso se volvió, sin querer, el dueño de todos nuestros días.
Cierro los ojos con la certeza de que al amanecer, encontraremos su mirada esperándonos como aquella primera vez, como si todavía estuviéramos eligiéndonos. Al ver su ansiedad por saltar a nuestros brazos luego de una infinita noche separados por su mayor enemiga (la puerta del cuarto), no puedo pensar en una mejor recompensa a su gran amor que estar para él, siempre.( Viviannes Yumar)
