Las drogas abarcan un amplio espectro de sustancias, desde las legales, como el alcohol y el tabaco, hasta las ilícitas, como la cocaína, la heroína y las drogas sintéticas. En los últimos años, el mercado ha evolucionado con rapidez, facilitando el acceso a nuevas sustancias, muchas de ellas más potentes y peligrosas.
El consumo ya no responde a un único perfil. Afecta a personas de distintas edades, géneros y niveles socioeconómicos, aunque los jóvenes siguen siendo uno de los grupos más vulnerables. El contexto cubano no escapa a esta realidad.
Especialistas coinciden en que la adicción no debe entenderse únicamente como una falta de voluntad, sino como un fenómeno en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales.
Los sistemas de salud enfrentan el desafío de atender a una población creciente de pacientes con trastornos por consumo de sustancias. Además del trabajo preventivo y del control en el ámbito legal para detectar y condenar a los individuos que trafican con estas sustancias —lucrando con la dependencia y el dolor de miles de familias que se desintegran a causa de las adicciones—.
El fenómeno de las drogas no admite soluciones simples. Más allá de las cifras, se trata de una realidad que impacta vidas, familias y comunidades. Abordarla con responsabilidad, conocimiento y sensibilidad es un paso imprescindible hacia una sociedad más saludable y equitativa.
