El 10 de abril de 1869, marcó la historia de Cuba, al aprobarse la Constitución de Guáimaro, el primer estatuto político de la República en Armas. En plena Guerra de los Diez Años, los mambises de Oriente, Camagüey y Las Villas se reunieron para redactar un documento que unía la lucha por la independencia con los derechos de todos los ciudadanos.
El joven abogado camagüeyano Ignacio Agramonte, junto a Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la República en Armas, y otros líderes, sentaron las bases de lo que sería la jurisprudencia cubana.
El Artículo 24 proclamaba: “Todos los ciudadanos de la República son enteramente libres”. Un mensaje claro frente a la esclavitud y la opresión colonial. CUATRO días después en esa propia localidad, Ana Betancourt Agramonte proclamaba la emancipación de la mujer
La historia continuó con la Constitución de Baraguá en 1878, la de Jimaguayú en 1895, y la Ley de leyes de La Yaya en dos años después. Cada texto reafirmó la unidad nacional y la importancia del gobierno asambleario.
El siglo XX heredó este legado con la Constitución de 1901, progresista para su tiempo, pese a las limitaciones de la Enmienda Platt. Más tarde, en 1940, se aprobó una Constitución avanzada, fruto de la lucha revolucionaria que le antecedió y trascendente no solo en el ámbito jurídico, sino también político..
La Constitución de 2019 recoge más de 150 años de historia, reflejando los cambios económicos, políticos y sociales recientes. Mantiene vivo el principio de independencia y unidad nacional que nació en Guáimaro.
