Camagüey- Dentro de las artes visuales cubanas, el nombre de Martha Jiménez ocupa un lugar esencial. Con una obra que transita del barro al bronce y del lienzo al grabado, la artista se ha convertido en cronista plástica de la cubanía.
En cada una de sus creaciones demuestra una constante búsqueda expresiva. Nacida en Holguín, pero establecida en Camagüey desde hace más de 50 años, la creadora es licenciada en Artes Plásticas, con estudios en pintura, dibujo, escultura, cerámica y grabado. Transita por varios senderos creativos e incorpora a su ámbito espiritual, atrevido y técnico, el paisaje mágico del barro.

Es la autora de piezas que enriquecen sitios emblemáticos de la ciudad. Entre los adoquines de la Plaza del Carmen sobresale su célebre conjunto escultórico, donde recreó personajes típicos como el vendedor de agua, el lector de periódico, las chismosas y la pareja de enamorados. Figuras que emergen del modelado en barro y luego fueron llevadas al bronce, y que le valieron el Premio UNESCO en 1997. También es autora de la escultura a Nicolás Guillén, que adorna la Plaza de los Trabajadores, uno de los lugares más transitados del territorio.
A la artista le han conferido importantes reconocimientos y condecoraciones tanto en Cuba como en otras regiones del mundo. Recientemente, fue merecedora del premio por la Obra de la Vida que otorga el Fondo Cubano de Bienes Culturales.
Martha Jiménez sabe expresar la gracia cubana con verdadero encanto criollo. Sus figuras resumen tradiciones populares y el quehacer de la gente común. Su arte transita de lo mágico a lo sensual, y las obras provenientes de sus manos enriquecen el patrimonio artístico contemporáneo. Ella sabe dónde se esconde la belleza más urgida de la creación.
