Hay muertes que dan luz eterna y hay muertes que dejan un vacío que nada llena, decía Martí.
Con un poco de ambas percepciones, Camagüey despidió este domingo en la sede de la Uneac a José Antonio Chávez Guetton, uno de los más emblemáticos bailarines y coreógrafos de las artes escénicas en Cuba.
La noticia de su fallecimiento conmocionó al sector cultural desde primeras horas de la mañana de este domingo.

Sus cenizas fueron recibidas en la sede Provincial de la Uneac para rendirle tributo con merecidas flores, la danza de sus discípulos y una exposición martiana de fondo, como habría querido él.
El acto contó con la presencia de Walter Simón Noris, Presidente del Consejo de Defensa Provincial; Armando Pérez Padrón, Presidente Provincial de la Uneac, Kenny Ortigas Guerrero, Director Provincial de Cultura, y otros artistas, familiares y amigos, quienes le brindaron unas últimas palabras de despedida al maestro.
Aunque nació en Holguín, Chávez encontró en Camagüey su tierra de adopción y el espacio para desarrollar una carrera excepcional. Antes de consagrarse a la danza, realizó disímiles labores: incursionó en las artes visuales, alfabetizó en Santiago de Cuba y estudió teatro con Raquel y Vicente Revuelta.
Su legado coreográfico con el Ballet de Camagüey, compañía a la que dedicó cuatro décadas, incluye obras fundamentales como «Ofelia», su primera creación; «Fidelio», considerada transgresora por su tratamiento del desnudo en la danza cubana.

Su genio creativo también dio vida a piezas como «Danzoneando», «Arias» y su versión completa del ballet romántico «Giselle», a la que supo dotar de un atractivo peculiar sin traicionar sus códigos tradicionales. Por esta trayectoria, recibió el Premio Nacional de Danza en 2023, un reconocimiento a una vida entera dedicada al arte.
Camagüey despide así al hijo que consagró su carrera a enriquecer la cultura de la ciudad, un maestro cuya pequeña estatura escondía una figura agigantada en la danza cubana. Su legado permanecerá inscrito en la memoria colectiva de la isla.
