Camagüey- La crisis energética que atraviesa el país ha obligado al sistema educacional a replantear dinámicas y buscar soluciones creativas. En el Instituto Preuniversitario Álvaro Morell, de Camagüey, directivos, profesores y estudiantes han asumido el reto de reorganizar horarios y optimizar recursos para que la enseñanza no se detenga.
El centro ha establecido un esquema flexible: décimo y duodécimo grado reciben clases en la mañana, mientras que onceno grado lo hace en la tarde. Con cinco y hasta seis turnos diarios, se priorizan las asignaturas del currículo principal. El objetivo es claro: mantener la continuidad del aprendizaje sin que los programas se atrasen.
Más allá de los horarios, el centro ha flexibilizado la entrada de estudiantes que viven en zonas alejadas, identificando a quienes cuentan con medios propios de transporte y ofreciendo facilidades para que nadie quede fuera del proceso docente.
En este escenario, el duodécimo grado se convierte en prioridad. Cada ajuste organizativo se piensa en función de no comprometer la preparación de los estudiantes que se enfrentan a las pruebas de ingreso. La dirección del centro y el claustro han blindado este nivel con estrategias de atención personalizada y acompañamiento, conscientes de que se trata de un momento decisivo en la trayectoria académica de los jóvenes.
La reorganización también permitió acoger a cuatro grupos del IPVCE, con 159 estudiantes de duodécimo grado. Se habilitaron aulas para que estos jóvenes continúen su formación y, en las tardes, se refuerzan las asignaturas claves para los exámenes de ingreso: Matemática, Español e Historia. Además, se atiende de manera diferenciada a quienes participan en competencias científicas, como la Copa Ignacio Agramonte, con énfasis en Química y Biología.
La experiencia del Álvaro Morell refleja la voluntad de la comunidad educativa. Entre horarios ajustados, medidas de ahorro y soluciones pedagógicas, la enseñanza se mantiene como prioridad. Pese a las limitaciones materiales y energéticas, directivos, maestros y estudiantes coinciden en un mismo propósito: asegurar que cada alumno avance en su formación y que el futuro académico de los jóvenes permanezca abierto.
