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Fidelio Ponce

Por Manuel Villabella/Televisión Camagüey Ausencias y regresos con música de son y todo bajo el techo de su sombrerón. Así recordaba a Fidelio Ponce de León nuestro Nicolás Guillén en su poema, un tanto festivamente,  con un trasfondo cierto de simpatía y cariño; también escribía: A veces: ¿Qué será de Ponce, que será?/ Y otras: Ha venido Ponce, volvió ya. Y era que su querido amigo, su coterráneo de eterno sombrero de ala ancha, el engañoso y bohemio Fidelio, era un fabulador perfecto, al igual que genial fue como pintor. Recorrió innumerables países europeos en su imaginación, y cuando se ausentaba por tiempo, narraba luego a sus íntimos las bellezas de aquellos lugares y las personalidades que conoció y lo homenajearon. Su fantasía desbordada que conformó su personalidad, fue quizás derivación de su relegada niñez en un Camagüey tradicionalista y pacato, clerical y pétreo, junto a un padre entregado por completo a una rigurosa religiosidad –Antonio Fuentes, el “viejito Fuentes”- que escribía Culto Católico en el periódico El Camagüeyano. Se dice que tempranamente su madre abandonó el hogar y Fidelio se crió al abrigo solitario del padre.  Se conoce muy poco de su niñez que transcurrió en la casona en la que nació, en la calle Astilleros (Aurelia Castillo), hoy marcada con el número 7, frente al callejón de Masvidal (Hnos Padilla) y que lamentable e inexplicablemente en dicho inmueble se desmontó la placa conmemorativa que recordaba su nacimiento y ocupa su lugar una ostentosa inscripción del restaurant  “El Mesón del Príncipe”, y no es que la histórica vivienda –de la que solo queda el solar, ya que la casa actual se edificó posteriormente- no pueda ser habitada, pero considero que el distintivo para perpetuar la memoria de Fidelio  pudo respetarse, sin dudas mayor prestigio y realce ofrecía al lugar. En este año celebramos los 120 años de su nacimiento (1895)- y el Centro Provincial de Artes Plásticas organiza una exposición con obras del pintor, de diversas procedencias, en la galería de la calle República. Fidelio nació un 25 de enero y fue bautizado como Alfredo Ramón Jesús de la Paz Fuentes Pons, en su afán de ostentar un nombre  rimbombante, adoptó el Ponce de León, proveniente del conquistador español Juan Ponce de León, fundador de San Juan de Puerto Rico y descubridor de La Florida. Estudió en las Escuelas Pías hasta terminar el bachillerato Desde muy joven se aficionó a la bebida y a la vida bohemia, a los 20 años ya había abandonado Camagüey y en La Habana matricula en la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro, donde asiste irregularmente y en la que obtiene siempre sobresalientes calificaciones. Era admirador de Tolusse Lautrec, el pintor de la vida alegre parisiense y de Modigliani, su compañeros los admiraban por su talento y lo llamaban “el Murillo loco” Se codea con los principales pintores de estos años: Carlos Enríquez, Víctor Manuel, Amelia Peláez. Sus amigos eran los aficionados a los bares, los tragos, acostumbraba pintar en ellos a cambio de  comida, se deleitaba enseñando a pintar a los niños de barrios marginales. “La posteridad tiene ojos muy bellos, muy bellos- solía decir- muy chiquitos, muy chiquitos. Son muy pocos los que caben en ella” Y aseguraba que se obra pasaría a la posteridad. Desde 1936 se agudiza su afición al alcohol, tras la muerte de su amada, una guajirita matancera. Posteriormente se une a Marta, una mujer sencilla que logra amarlo y comprenderlo, con ella tiene su único hijo, Miguel Ángel Dominico Ponce de León. La vida de Fidelio es rica en anécdotas. En una ocasión se quitó su zapato raido y lo dejo como identificación en la mesa de la secretaria de un funcionario que lo había hecho esperar burocráticamente en una larga e infructuosa antesala. Entre sus obras famosas se encuentran: Paisaje, Tuberculosis, Beatas, pertenecientes a la década del treinta. A ellas siguieron: Rostro de Cristo, Mi prima Anita, Rostros, ya en los años cuarenta. En 1934 le diagnostican tuberculosis, pero sigue pintando y bebiendo. Obras suyas se encuentran en el Delphic Studio, de Nueva York y en Boston, Massachusetts, entre otros países. El Museo Provincial Ignacio Agramonte de Camagüey atesora en su Sala de Arte, en la colección de Pintores Cubanos, valiosos exponentes de Fidelio. Expuso en Cuba en múltiples galerías y eventos, entre ellas el XVII Salón de Bellas Artes, El Lyceum de La Habana, la Exposición Nacional de Pintura y Escultura, 300 Años de Arte en Cuba, a la que llevó los óleos Niños, Monja del Mar y San Ignacio de Loyola. Fidelio es un gran solitario entre los demás pintores cubanos. Es el creador de una personalísima atmósfera, de una angustia constante en su pintura. En un lechoso río blancuzco sus personajes y sus objetos flotan. Pintaba con tradición clásica y estilo vanguardista Internacionalmente participó, en 1946, en el Palacio de Bellas Artes de México, Segunda Exposición de Pintores Cubanos en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires en el mismo año y en 1947 en la exposición Cuban Modern Paintings in Washington Collections. Camagüey celebra anualmente su Salón Fidelio Ponce de León en el que participan los artistas plásticos de la ciudad y se mantiene la galería dedicada a él  en la sede de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Pobre, devorado por la tisis, murió el 19 de febrero de 1949 en La Habana, a los 54 años de edad, en un cuarto del sanatorio, rodeado de periódicos y revistas viejas, cajas de inyecciones y de tubos de pinturas. Cumpliendo su última voluntad, su viuda colocó junto a su cuerpo un hábito de franciscano, un escapulario y una estampa del famoso “Entierro del Conde de Orgaz”, del Greco. Fue sepultado en el Cementerio de Colón. En 1995 el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de La Habana presentó una exposición antológica con motivo de su nacimiento.

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