Pasajeros del tiempo: El tranvía de Camagüey

Hubo un tiempo en que las calles de Camagüey se llenaban con el sonido metálico de los tranvías. Aquellos vehículos eléctricos comenzaron a recorrer la ciudad en abril de 1908, cuando la Compañía Eléctrica de Camagüey puso en marcha un sistema que funcionaba desde la madrugada hasta pasada la medianoche.

Las rutas eran todo un entramado de giros y maniobras que exigían precisión. Una de ellas conectaba Bembeta con Garrido, atravesando plazas emblemáticas como la de los Trabajadores, El Gallo y Maceo. Otra línea enlazaba la Avenida de la Libertad con la de los Mártires, pasando por la Plaza Joaquín de Agüero y la Iglesia de San José, donde los motoristas realizaban complicadas operaciones de cambio de agujas para continuar el trayecto.

Aunque podían alcanzar hasta 40 km/h, los viajes eran pausados por las frecuentes paradas y cruces. Sin embargo, veinte tranvías bastaban para mover a buena parte de la población en el corazón de la ciudad. Los motoristas, vestidos con chaqueta de dril, camisa blanca y corbata negra, hacían sonar una campana característica que aún muchos recuerdan con nostalgia.

La historia del tranvía en Camagüey tiene capítulos curiosos: antes de los eléctricos, ya en 1894 habían llegado tranvías tirados por caballos, traídos desde Nueva York por el empresario Enrique Loynaz del Castillo. Bajo sus asientos se escondía un cargamento insólito: rifles Remington y municiones destinados a la causa independentista.

El servicio desapareció en 1952, sustituido por los ómnibus, pero las huellas permanecen. En varias calles adoquinadas todavía se distinguen los rieles que una vez hicieron vibrar las ruedas de aquellos vehículos. Para quienes visitan el Centro Histórico, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, esos vestigios son parte del encanto que conecta la ciudad con su pasado.

Hoy, el tranvía es más que un recuerdo: es símbolo de modernidad temprana, de ingenio urbano y de la vida cotidiana de generaciones de camagüeyanos. Un patrimonio que, aunque ya no se mueve, sigue recorriendo la memoria colectiva de la ciudad.

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