Cándido Salazar: ¿el único camagüeyano en las ligas negras del béisbol?

Una revisión bibliográfica y estadísticas por parte del periodista Oreidis Pimentel Pérez revelaron el único caso que —hasta el momento— se conoce de un jugador nacido de Camagüey participando en las ligas negras de los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX.

Una indagación de la cual el también historiador hizo una exposición en diciembre pasado, durante el evento dedicado a los Leopardos de Santa Clara, en la propia ciudad del centro del país, y con la participación de académicos de Cuba y otros países del área que tienen como vínculo el deporte de las bolas y los strikes.

En su estudio inédito presenta a un personaje aún sin información visual, pero de quién se confirma su presencia gracias a los imaginarios populares.

Cándido Salazar (Candito) nació en 1898 en Puerto Príncipe. Jugó como lanzador para equipos de la ciudad, entre los cuales destaca Camagüey Sporting; existían torneos locales donde participaban incluso jugadores estadounidenses y de los cuales él era partícipe.

En 1924 logró 17 ponches en un partido donde su equipo superó al Club Atlético Ferroviario 7 x 2.

La investigación de Pimentel Pérez revela que sería también ese el año de su partida hacia los Estados Unidos para formar parte del equipo Cuban Stars en las ligas para jugadores afrodescendientes.

Debutó en Alabama el 17 de mayo tirando once entradas y cediendo en definitiva por estrecho margen de cinco × seis contra los Black Barons del afamado Sam Crawford. Al finalizar esa temporada sus números no fueron los deseados, ya que culminó con más derrotas que victorias (2-6) y un promedio de carrera limpias de 6.94.

Según la investigación, Cándido Salazar dejó de mencionarse de los medios de prensa de la época en 1925. Aparecerían entonces la hipótesis acerca de un jugador de tan solo 29 años, de quien no se supo que pasó.

No hay certeza si falleció antes o después de 1959, ni tampoco datos sobre su muerte y entierro. Pudo haber contraído tuberculosis, pues era común entre los jugadores afrocubanos que participaban en circuitos de Estados Unidos ante la barrera del clima frío.

El investigador Oreidis Pimentel asegura que, a pesar de su corta carrera, su nombre quedó en el imaginario popular de la barriada de La Vigía, vinculada al ferrocarril.

El estudio aún no concluye hasta que puedan rebelarse otros datos y fotografías.

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