Un tinajón de fiesta

Las voluminosas y hermosas vasijas de barro, sello emblemático para los pobladores de la quingentésima ciudad de Camagüey, vuelven a ser pretexto para reunir y disfrutar de las mejores muestras culturales de la localidad. En busca de fuentes de agua y, sobre todo, oro, los conquistadores españoles fundadores de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe en la Bahía de Nuevitas, encaminaron sus pasos hasta al cacicazgo de Caonao. Desde allí se vieron obligados a salir a marcha forzosa hacia una zona entre los ríos Tínima y Hatibonico, donde fueron bien recibidos por el cacique Camagüebax. Sin embargo, durante la temporada de sequía mermaban, igualmente, las reservas de agua en el nuevo asentamiento. Alrededor del año 1600 --fecha sin precisar-- un grupo de colonos alfareros inician la fabricación de grandes vasijas del barro rojo, de buena calidad procedente de la Sierra de Cubitas y los alrededores de la comarca. Tienen semejanzas a las clásicas andaluzas empleadas para guardar vinos, aceites y granos, pero aumentaron el tamaño de su “panza” para preservar grandes volúmenes de agua de lluvia en los patios de las viviendas. Con sus altas y bajas etapas, sobre todo durante las guerras independentistas, se mantuvo la producción hasta que un conteo en 1900 reflejó la existencia de 16 mil tinajones en Camagüey que poseía una población de tan solo 30 000 habitantes. En la actualidad no ha perdido su esencia, se inició un plan de rescate en 1976 pero son mayores las intenciones de un elemento decorativo, de atracción turística, que la de provecho para almacenar agua en las viviendas. Durante casi cinco siglos, los habitantes de la Villa Principeña han apreciado la existencia de los tinajones, los cuales ha tejido sus propias leyendas desde testigo de amores prohibidos, o como escondite, según la anécdota de la guerra en 1875, sobre un soldado del Ejército Libertador que dentro de uno de ellos burló la persecución de los españoles. Singular es la frase amistosa “Quien tome de mi agua, se queda en Camagüey” El tinajón bien vale tributo y jolgorio. Ha cobrado fuerza en este siglo la idea original del hijo ilustre Adalberto Álvarez, "El Caballero del Son", de una festividad para promocionar los valores culturales, históricos y las tradiciones preservados por el movimiento de aficionados y artistas del catálogo profesional de la provincia. La “Fiesta del Tinajón” es uno de los tres festejos anuales que rompe las rutinas hogareñas con una amplia participación popular, la cual se ha hecho distintiva en la vida de los lugareños y apreciada por los visitantes en esta ciudad mediterránea. Las otras dos son la Semana de la Cultura Camagüeyana, a inicios de febrero, (Fundación de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, en 1514) y a mediados del año, del 24 al 29 junio, el San Juan Camagüeyano (Carnaval cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII) Carpinteros, pintores, decoradores levantaron por estos días las tarimas en la Avenida de la Libertad y la Plaza de la Caridad, una de las calles más rectas y anchas, diferenciada del complejo trazado vial semejante a un plato roto que caracteriza al centro histórico de la ciudad, declarado Monumento Nacional en 1980 y Patrimonio Cultural de la Humanidad desde el 2008. La sexta convocatoria al encuentro de los camagüeyanos con su cultura y tradición, se dedica en esta oportunidad al conocido músico “Nené” Álvarez, quien falleció el pasado mes de febrero a los 90 años de edad, y a los 80 años de la agrupación musical “Soneros de Camacho”. En conversación con periodistas, propagandistas y especialistas de cultura en la provincia, el presidente del Comité Organizador de la “La Fiesta del Tinajón” explicó que a partir de ahora los festejos serán en marzo. Igualmente, declaró que como las ediciones anteriores habrá un desfile de los artistas del patio por las calles principales de la Villa Principeña hoy miércoles a las tres de la tarde y en horas de la noche, la gala inaugural en el Teatro Principal. Más de doscientas cincuenta presentaciones de teatro, danza, plástica y literatura se llevarán a cabo en estos cinco días. Para quienes han tenido otras oportunidades de observar la masiva presencia de residentes y visitantes de todas las edades en busca de esparcimiento y la apreciación de múltiples manifestaciones artísticas, pueden augurar cinco días de enriquecimiento cultural. El tinajón bien vale tributo y jolgorio, y los camagüeyanos están dispuestos para preservar esa fiesta de la identidad cultural en el territorio.

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