El amor y sus raíces: la familia

Es 14 de febrero y conviene sentir cuán bello es amar y ser amado, pero es necesario llevar el pensamiento a ese lugar apenas explorado que se resume en una pregunta: ¿Por qué amamos?

La semilla de todo lo que damos y recibimos en ese camino misterioso, lleno de expectativas y de un encanto inigualable, es la familia.

Es en ese marco estrecho en el que vimos la luz por primera vez, en el que se siembran los sentimientos afectivos que nos hacen entregar al padre, a la madre, a los amigos y más tarde a la pareja, lo más limpio del alma y lo mejor de nuestras acciones.

En el campo, resultan muy estrechos los lazos entre padres e hijos, con los cuales se urde una red que algunos llaman tradición y que surge de ese compartir desde muy temprano las faenas difíciles de la vida rural, siempre con los progenitores como centro de un mundo de encanto que se proyecta por generaciones, construido más que todo sobre el respeto.

Así que no tarde, abrace a su esposa o esposo, estampe un beso grande y luminoso en la frente del hijo o la hija, y propóngase hoy más que nunca apretar los lazos que los unen.

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