El Encanto: una operación de la CIA contra Cuba

Los preparativos y el entrenamiento que realizaban oficiales norteamericanos en Guatemala y en Nicaragua con exiliados cubanos para una invasión a Cuba, no era un secreto para nadie.

El 7 de octubre de 1960 el canciller cubano Raúl Roa denunciaba en la ONU que con la anuencia del gobierno de esos países se realizaban los preparativos para la invasión a Cuba.

Mientras tanto, el gobierno norteamericano apostaba por crear –antes de la invasión–un ambiente de caos en la isla mediante una serie de actividades terroristas, principalmente en La Habana, que serviría para apoyar la invasión. Para ello contaban con la participación de organizaciones contrarrevolucionarias y de elementos desafectos a la Revolución.

Se llevaron a cabo operaciones de introducción de armas y explosivos en la costa que luego se enterraban para ocultarlas, además de infiltración de equipos y de agentes entrenados.

Desde el mes de enero de 1961 hasta el preludio de la invasión en abril, las organizaciones contrarrevolucionarias intensificaron sus actividades terroristas, sin embargo, lejos de lograr el caos y el terror en la población, –como la CIA esperaba–resultó todo lo contrario.El pueblo cerraba filas con el Gobierno Revolucionario apoyándolo.

Es así como ocurre el sabotaje a la exclusiva y elegante tienda habanera El Encanto, icono de la burguesía cubana, donde fallece la compañera Fe del Valle, trabajadora y miliciana en ese comercio.

El jefe de la organización contrarrevolucionaria Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), en el sector del comercio, Mario Pombo Matamoros, conocía que el empleado de la tienda Carlos González Vidal, era un desafecto con la Revolución, por eso una semana antes, lo contactó y le propuso que realizara el sabotaje.

Carlos aceptó, pero con la condición de que luego de realizada la operación, lo sacaran del país, concretamente a Estados Unidos.

En horas de la mañana del 13 de abril de 1961, un enlace con la organización contrarrevolucionaria le entregó a Carlos dos petacas incendiarias preparadas con explosivo plásticoC-4, camufladas en cajetillas de cigarrillos Edén, muy populares en aquel entonces, con la indicación de colocarlas en zonas vulnerables para que se propagara un incendio.

Y así lo hizo. Poco antes del cierre de la tienda, a las seis de la tarde, Carlos aprovechó un instante en que se quedó solo. Activó una de las petacas y la colocó entre unos rollos de tela. En otro piso realizó la misma operación y luego abandonó el edificio. En la calle lo esperaba un auto que lo llevó a la playa de Baracoa.

En un instante las petacas incendiarias estallaron y comenzó el incendio de grandes proporciones dada la alta combustión de la sustancia inflamable de uso militar.

De acuerdo con las investigaciones efectuadas, el incendio se propagó en los siete pisos de la tienda por los conductos del aire acondicionado. Fue imposible detenerlo y la tienda quedó reducida a escombros y vigas de acero retorcidas. Las pérdidas materiales fueron de unos 20 millones de dólares.

Se dice que la compañera Fe del Valle falleció al quedar atrapada en una escalera cuando trataba de salvar los fondos de la Federación de Mujeres Cubanas.

A las cuarenta y ocho horas cuando apenas quedaban algunos focos del incendio en El Encanto, los milicianos que custodiaban la playa de Baracoa, detectaron en la madrugada, que desde una casa se hacían señas con una linterna hacia el mar. Inmediatamente procedieron a registrar las viviendas y a interrogar a sus moradores.

Y entonces, ocurren dos cosas inesperadas: el jefe de la compañía de milicias que custodiaba la costa en esa zona era también empleado de El Encanto y reconoce perfectamente a Carlos González Vidal, enviándolo detenido para la Seguridad del Estado en 5ta. y 14, Miramar.

Allí lo detecta Oscar Gámez, quien también había sido empleado de la tienda. Carlos desconocía que desde hacía algún tiempo era agente de la Seguridad. Luego de presentarle varias evidencias que lo vinculaban con el sabotaje, y de interrogarlo durante varias horas, logró que confesara que él había sido el autor material del incendio.Petacas incendiarias preparadas con explosivo plástico C-4, fueron utilizadas para provocar el sabotaje a la tienda El Encanto. Foto: Archivo

Fuentes: La batalla inevitable, de Juan Carlos Rodríguez.

30 años Historia de la Seguridad Cubana, Las Reglas de Juego.

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