«Todos los días en peligro de dar mi vida»

El 18 de mayo de 1895 formaba parte de esas jornadas trascendentales de José Martí en tierra cubana para el reinicio de la lucha contra el colonialismo español, tras el tortuoso camino  en la reorganización de los viejos combatientes en las gestas independentistas en “La guerra de los diez años (1868 - 1878)” y el levantamiento armado conocido como “La Guerra Chiquita (1879 -1880)” con los pinos nuevos ansiosos por la continuidad de la revolución.

A pesar del lastre que significaba en el ámbito nacional el Partido Autonomista y su avenencia con la colonia, los cubanos comenzaron a incorporarse a la insurrección en los montes y montañas el 24 de febrero de ese año. Martí, con satisfacción personal y el interés de sentirse útil, había desembarcado en la costa del oriente de la Isla el 11 de abril, procedente de República Dominicana tras la aprobación en marzo, junto a Máximo Gómez, dominicano y destacado jefe militar mambí, del programa de acción política y militar “Manifiesto a Cuba del Partido Revolucionario”.

En aquel día de mayo, entre  árboles y matorrales de una finca ganadera en  Dos Ríos, José Martí escribía una carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, la cual quedó inconclusa por la llegada del general Bartolomé Masó y un grupo  de combatientes. En momentos se trasforma el campamento en un hervidero de patriotismo

Para muchos esa carta es interpretada como un legado histórico del delegado del Partido Revolucionario Cubano --constituido en 1892-- al reflejar el pensamiento político para lograr el alcance de los objetivos propuestos con la guerra por la independencia.

«…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.», así afirmaba Martí quien era un hombre de acción aunque en modo alguno un guerrero.

Mientras se realiza el encuentro de los reanimados mambises, la misma noche del 18 de mayo, en una columna de 800 soldados españoles que cumplía la misión de abastecimiento a un fortín, se recibe la confidencia acerca de los insurrectos cubanos.  Al amanecer del 19, la tropa emprende la marcha en búsqueda del contingente independentista.

El historiador cubano Eduardo Vázquez Pérez  refiere en su artículo Los Enigmas de Dos Ríos, publicado en Juventud Rebelde (17-9- 2011), que al conocer la presencia del convoy enemigo, Máximo Gómez decide organizar el primer combate. Los españoles resisten con fuego de fusilería la embestida de la caballería mambisa. Cuando el jefe militar reorganiza las fuerzas para un nuevo ataque se percata del Delegado y le ordena retirarse.

El principal promotor del reinicio de la lucha independentista obedece, pero no por mucho tiempo. Revólver en mano, espolea su caballo al galope, arengando a los suyos. El joven Ángel de La Guardia que esa mañana había escuchado el emotivo discurso de Martí, no dudó en seguir al Delegado.

 El Mayor General Máximo Gómez describe la dramática caída en combate de José Martí: «Vestido de saco negro, pantalón claro, sombrero negro de castor y borceguíes negros,  al pasar entre un dagame seco y un fustete corpulento caído, los disparos de los soldados enemigos emboscados en los yerbazales dieron en el cuerpo del Maestro»

La carta inconclusa a Manuel Mercado  fue encontrada por soldados españoles junto a otros documentos cuando registran los bolsillos de la chaqueta del cadáver de Martí y luego la entregaron al jefe de la columna ibérica, coronel José Ximénez de Sandoval. Posteriormente, el texto fue incluido por Gonzalo de Quesada y Aróstegui en la primera edición de las obras de Martí, a inicios del siglo XX.

Tras la muerte del líder revolucionario prosiguió a sangre y fuego la lucha independentista, sin embargo los objetivos fueron truncados precisamente por la intervención yanqui en el desenlace de la contienda entre Cuba y España a finales del año 1898.

La indiscutible claridad y valor de sus ideas ha sido fuente de inspiración para generaciones de hombres y mujeres de la Isla. Desde hace  seis décadas acompaña al quehacer de la Revolución Cubana  no solo en un país libre, soberano y antiimperialista, sino en el profundo concepto de que Patria es Humanidad.

En la carta escrita la víspera de su muerte -hace 124 años- al amigo  Manuel Mercado,  el más universal de los cubanos consignó su legado histórico:

« Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento»

 

Fuentes:

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2011-09-17/los-enigmas-de-dos-rios/

 http://www.bohemia.cu/dossiers/historia/josemarti/marti_hart.htm

Blog El Lugareño, del autor.

Ilustración del blog Cultura Cuba, de Ramón Guerra Díaz

 

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