La fiesta patriótica de aquel domingo

La placidez  del primer domingo de 1959 estaba perturbada en la Villa Principeña. El hábito provinciano de las familias recogidas en las viviendas, había quedado a un lado. Esa mañana, prácticamente, camagüeyanos y camagüeyanas de todas las edades colmaban las calles a la espera del anunciado paso de la Caravana de la Libertad, encabezada por el Comandante en Jefe  Fidel Castro, que desde el dos de enero había partido de Santiago de Cuba rumbo a la capital del país.

Un poco antes  de conocer la fuga del tirano Batista, los camagüeyanos seguían por Radio Rebelde y los rumores el avance y acciones de las fuerzas rebeldes, en  tanto notaban la presencia de “barbudos” vestidos de verde olivo y brazaletes rojinegros, en algunos puntos de la ciudad, el tiroteo con sicarios del tirano – manferristas-- atrincherados en las obras constructivas de un gran centro de salud (hoy Hospital Universitario "Manuel Ascunce Domenech"), las barricadas en vías de acceso a la ciudad, la Huelga General…

 El día está soleado, y de temperatura agradable como aquel enero de 1959 que recordaba el Comandante Juan Almeida:

“En los tramos, largos y descampados, el viento besa a los que van en los camiones y en los autos descapotados (…) Jinetes con vestimentas elegantes y botas lustrosas, alineados en briosos caballos, sombreros de fieltro en mano saludan a la Caravana”.

El fervor patriótico se multiplicaba por horas. En la mañana de aquel 4 de enero,  Fidel se había dado cuenta del entusiasmo popular y en una reunión con miembros del Gobierno Revolucionario, efectuada en el aeropuerto “Ignacio Agramonte”, declaró:

  “Yo me explico un poco la emoción del pueblo, la alegría delirante, solamente por lo cruel que fue la tiranía y lo inhumano que fue el régimen de Batista”.

 El 6 de enero de 1959 el periódico El Camagüeyano reseña el arribo de la Caravana:

 “(…) Alrededor de las diez de la mañana la caravana motorizada donde venía Fidel Castro entró en Camagüey por la Carretera Central procedente de Oriente. De pie en la torre de un tanque Sherman de gran tamaño, Fidel Castro extendió sus manos en un amplio saludo cordial hacia las enormes multitudes que se agolpaban por todas partes y lo aclamaban delirantemente (…)”

 Más tarde, en presencia de miles de camagüeyanos que desbordaban la Plaza de la Caridad, el Líder de la Revolución pronuncia un  trascendental discurso, vibrante y patriótico, en el que anunció el fin de la Huelga Popular, al estar consolidado el triunfo revolucionario.

 Trascendió en sus palabras la visión del futuro de los cubanos:

“(…) el pueblo ganará todas sus batallas, porque el pueblo aprendió a ganar después de haber conquistado no solo la Revolución, sino el tenerla asegurada para sí…”

 “(…) la dictadura acaba de caer y, sin embargo, ustedes y nosotros acabamos de llegar a la Playa de las Coloradas, porque en la paz nos queda mucho por luchar.  Nada lo recibimos en balde, todo lo que obtendremos tendrá que ser con el sudor de nuestra frente”.

 Hoy,  cincuenta y nueve años después de aquel acontecimiento histórico, jóvenes generaciones de camagüeyanos reeditan otra vez el paso de la columna rebelde de vehículos y blindados por el territorio.

 En la celebración del cincuenta aniversario del paso de la Caravana de la Libertad por la provincia, los camagüeyanos volverán a reunirse en la Plaza de la Caridad, para hacer  perdurable presencia del Comandante en Jefe   en cada obra de la Revolución Cubana, seguir adelante con  el optimismo, las ideas y proyectos humanistas que nos legó, y en la plena disposición a defender la Patria socialista.

 

 

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