El general Antonio

 

Cuentan los historiadores que al morir en lucha frontal, en su última  carga al machete, Antonio Maceo había participado en más de 600 combates, la mayoría de ellos durante la Guerra de los Diez Años, epopeya en la cual resultó herido en 21 ocasiones.

Fue junto a Gómez, protagonista de la Invasión a Occidente, la campaña militar más grande llevada a cabo en América Latina y  que derrotó a los mejores generales  del curtido ejército español, el cual  contaba en la isla con una fuerza superior a los 200 000 hombres, la más poderosa  de entonces.

Para ¨batir el cobre¨, como solían decir los bravos cubanos en la manigua, contaban éstos con una tropa vestida con harapos, mal armada y con escaso parque, muchas veces con hambre y enfermedades propias de la vida a la intemperie sin medicinas.

Sin embargo, a pesar de tales contratiempos recorrieron los mambises 1 700 kilómetros en poco más de dos meses, en los cuales libraron 27 combates de relativa importancia.

Antes, durante la llamada Guerra Grande, brilló bien alto la luz del Titán de Bronce, un hombre que al decir de Martí, tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo, y que demostró a los expertos de la época en el arte militar, que los cubanos podían vencer de manera inobjetable a sus tácticas de academia, con inteligencia y valor ilimitados.

Llega la jornada negra del ¨Pacto del Zanjón´ el 10 de febrero de l878, y apenas un mes después, el 15 de marzo, alza su voz el digno general, para el 23 ¨romper el corojo¨, aunque la amarga realidad hizo callar las armas dos meses después: la guerra era insostenible en aquellas circunstancias.

Herido gravemente en numerosas acciones, se sobreponía y continuaba su bregar al frente de la tropa que lo adoraba como a un dios de carne y hueso, y en cierta ocasión,   sorprendido el campamento por una columna enemiga mientras los médicos trataban de salvarle la vida, deja la hamaca de inválido, monta a caballo ayudado por algunos brazos fraternos, y como un fantasma desparece en la manigua, ante las narices de la tropa atacante.

Tantos y tantos peligros enfrentó, tanta heridas laceraron su cuerpo (27 en total) y tantas veces escapó de la muerte y de la saña de los perseguidores, que llegó a correrse entre mambises y españoles la leyenda de que era inmune a las balas.

Como ordenó a uno de sus hijos la voz de la Madre de la Patria, Mariana, el general Antonio creció y se empinó sobre los estribos de su caballo de guerra, para firme y recto, machete en mano, realizar mil hazañas de obra y de pensamiento, que hoy guían con más claridad que nunca las ideas de su pueblo

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