¿Cómo fue la primera Nochebuena de la Revolución?

La Cena Carbonera con Fidel, un hecho histórico en el poblado de Soplillar. Foto: Anabel Díaz Mena

—¿Adónde vamos?, es la pregunta que surge de cada uno de los que acompañamos al Jefe de la Revolución.

—Con los carboneros, a cenar con ellos, fue la respuesta de Fidel.

Así recuerda en su libro testimonial En marcha con Fidel, Antonio Núñez Jiménez, cuando en la Laguna del Tesoro los sorprende el atardecer del 24 de diciembre de 1959. Al instante de esa interrogante el helicóptero se dirigió hacia el poblado de Soplillar, un pueblecito entre Girón y Playa Larga, en la Ciénaga de Zapata, entonces el lugar más atrasado de la geografía cubana.

“Triste es el anochecer en aquellos solitarios parajes de fangales perennes, de maniguas infinitas donde apenas se ve el tenue resplandor de una mísera choza. Cerca de Soplillar, las luces de los faroles de dos bohíos indican a Fidel el punto de aterrizaje.

”La nave aérea enciende el reflector, que lanza un haz de luz hacia tierra. Más de una docena de niños con sus padres salen a recibirnos: son las familias de Carlos y Rogelio, quienes han visto cómo una estrella baja del oscuro cielo en su Nochebuena. Están muy lejos de suponer que en ella llega el Jefe del Gobierno de la República a cenar con ellos. En el patio del bohío, el helicóptero se posa como un ave nocturna”.

Para los hombres y mujeres humildes de entonces, no solo fue la primera comida navideña del período revolucionario; tuvieron la sorpresa y el placer de compartirla con el eterno Caguairán. Ese singular acontecimiento se redescubre desde hace ocho años en el Memorial-Biblioteca 50 Aniversario de la Cena Carbonera con Fidel, una iniciativa promovida por el artista de la plástica Alexis Leyva Machado “Kcho”, quien dirigió todo el proyecto.

Cientos de personas llegan cada año a ese sitio, que incluye la réplica de los dos bohíos de las familias anfitrionas de la histórica cena y las áreas exteriores, tal como eran en aquel entonces. En el interior de esos rústicos y típicos bohíos de piso de tierra se logró reproducir las rudas y pésimas condiciones en que vivían los cenagueros antes de 1959. Allí hay objetos originales de las viviendas campesinas y otros recreados artísticamente: la caja de bacalao que por aquellos tiempos habría servido de viandero, los canapés de yute, los quinqués…

Hace un tiempo, cuando llegué hasta allí, Mabel Duquesne Castro, veladora del sitio, me habló con hondura como Kcho, los integrantes de su Brigada Martha Machado y también de los mismos pobladores de Soplillar, levantaron los dos bohíos durante el 2009, sobre el mismo palmo de tierra y como copia fiel de los domicilios de Rogelio García y Carlos Méndez, guajiros anfitriones de la histórica velada. Vi además cómo cada uno está ambientado con fotos de Fidel junto a niños y pobladores, cuando compartía con familiaridad aquella velada en tan intrincado paraje y demostrativa de su estirpe humilde.

Otra atractivo del lugar es la biblioteca, dotada de más de mil títulos, relacionados con la Historia de Cuba y universal, y la literatura, además de contar con una computadora que brinda servicios comunitarios para el caso de consultas de textos en soporte digital. Según Mabel, “todos los textos han sido donados; personas que vienen y más adelante regresan con algo entre sus manos. Entre los textos está la bibliografía histórica donada por Fidel, traída por Kcho el 24 de diciembre de 2009, cuando se inauguró el Memorial”.

Nos dice, además, que otras personalidades han donado libros, al igual que la Sociedad Cultural José Martí, y que el Memorial tiene un visitante especial: Walter Martínez, el periodista de Telesur, quien ha entregado libros muy importantes, entre ellos, algunos atlas. “Todos los años llega hasta acá y es igual a un niño, porque antes de irse… llora; dice que aquí se siente libre”.

Quienes se adentran en este singular sitio rememoran aquel 24 de diciembre cuando Fidel llegó desde la capital hasta Soplillar, al encontrarse como hemos dicho en la Laguna del Tesoro ocupado en los planes turísticos del lugar y otros proyectos que se llevarían a cabo en la Ciénaga de Zapata. Y sabrán también que ya es costumbre que este día los pobladores desarrollen la tradicional cena de nochebuena y, junto a ellos, invitados del municipio, la provincia y el país. Recordarán a ese Fidel que infundió confianza a aquella gente sencilla, semianalfabeta y desamparada durante muchos años.

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