Camagüey invita

El turismo de ciudad es una invitación de Camagüey: caminar por calles y callejones, ver el trazado urbano laberíntico de la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, fundada el 2 de febrero de 1514. También ante  lo nuevo sorprenderse, experimentar la satisfacción de no sentirse defraudado y  descubrir las razones de los lugareños para defender su condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Ciudad de más de medio milenio de edad, que se precia de poseer el área colonial más extensa del país, peculiaridad a la que suma que es la mejor conservada. No pocos esfuerzos y una labor conjunta de la Oficina del Historiador de la Ciudad, el Gobierno y los principeño que ayudan a preservar su arquitectura, tradiciones y el comportamiento hospitalario, orgulloso y culto de sus pobladores.

De su acervo patrimonial, Camagüey ofrece al visitante sesenta callejones, todos con historias originales.

El más pequeño, es el callejón de Tula, o de la Miseria, en la Plazoleta de Bedoya, que tiene sólo quince metros de largo, y menos de cuatro de ancho. Una verdadera curiosidad.

El Callejón del Cura o del Silencio, es el más estrecho de Cuba, entre las calles Plácido y 20 de Mayo, con un metro con cuarenta centímetros de ancho.

Aruca, Alegría, Apodaca, Soledad, Triana, Cucaracha, San Juan Neponuceno, Risa, Tío Perico, Káiser, Cañón, Cuerno, son también callejones  que ofrecen sus vericuetos para quienes desandan calles, rincones y aprecian los gastados ladrillos y adoquines oscurecidos por el irreversible paso de los años.

,Como era habitual en etapas fundacionales, las vías públicas camagüeyanas tomaron los nombres de las personas que en ellas vivían o ejercían sus profesiones. De ahí Los Martínez, Las Micaelitas, Cárcel, Los Ángeles, Los Sacristanes y El Templador, por sólo citar algunos.

Una forma especial tiene el Callejón del Cuerno. Parecido a la cornamenta de una res, es curvo y su ancho va disminuyendo.

También mucho se ha escrito sobre la peculiar estructura urbana de Camagüey. Sus calles estrechas y sinuosas, sus vericuetos y sorpresivas plazoletas y plazas encantan al visitante con el secreto de lo antiguo.

 

Algunos lo señalan como típica de ciudades medievales, en que por necesidades de la defensa los fundadores preferían las inmediaciones de los ríos y sus confluencias. Otra causa es el crecimiento natural, sin previo marcado y diseño

La existencia de una serie de parroquias propició el ensanchamiento en plazas y plazuelas. No en vano también se le denomina a Camagüey Ciudad de las Iglesias que hoy se extiende por su amplia sabana.

Con anterioridad había tenido dos emplazamientos en la Bahía de Nuevitas, en la costa norte, y Caonao, en el interior del territorio. La villa ha crecido notablemente, pero mantiene como su más preciado tesoro a la Ciudad Vieja, como un regalo de épocas idas al turista nacional o foráneo.

El que visita Camagüey o sus propios habitantes al recorrer sus calles, plazas y edificaciones, encuentra siempre algo novedoso aunque tales elementos daten de varios siglos.

El hacer de muchos, permite hoy apreciar la integración de lo viejo con la contemporaneidad, que realza lo bello del Camagüey entre los Ríos Tínima y Hatibonico  que custodian su rico patrimonio para mostrarlo a diario a quienes la visitan mediante la modalidad del turismo de ciudad.

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