Cuba y esa mano siempre extendida…

El título de este trabajo muy bien pudiera traducirse en lo que propugnó siempre Fidel y nos lo inculcó a todos los cubanos: compartimos no lo que nos sobra, sino lo poco que tenemos.

Y si bien en el terreno material los habitantes de este archipiélago andamos bien escasos, por el ya conocido y mundialmente repudiado bloqueo que dura ya casi seis décadas, por situaciones de la coyuntura económica internacional y bueno es decirlo también, por auto-limitaciones e insuficiencias propias, en otros aspectos de la vida sucede todo lo contrario.

En el plano de lo espiritual existe abundancia en la mayor de las Antillas, y de hecho hemos distribuido por todo el mundo amistad, solidaridad, afecto, respeto, amor y deseos de unidad.

Un poco (bastante pudiera decirse) más allá, está la acción de decenas de miles de médicos y enfermeras, maestros y entrenadores deportivos que han dado su invaluable contribución a esos millones  siempre olvidados por quienes sí tienen mucho de material, como dinero y recursos, pero sufren la gran carencia de moral, algo que  a nosotros nos sobra, a pesar de nuestra humildad y sencillez.

El periódico Granma reseñaba en su edición del martes las palabras de Jorge Chediek, director de la oficina de Cooperación Sur-Sur de Naciones Unidas, quien enfatizaba:

¨Gracias por lo que están haciendo por el mundo. Ojalá que la comunidad internacional siga el ejemplo de los médicos cubanos, que he visto en Perú y en Brasil, llegando a donde otros no llegan¨.

Tengo un amigo quien fue de los primeros periodistas cubanos que viajó al exterior para dar a conocer al mundo la hermosa obra  de médicos y enfermeras de nuestro país en ¨otras tierras del mundo¨ que reclamaban a gritos una mano amiga.

Y le correspondió el país más pobre, Haití, donde vivió y experimentó muy de cerca el dolor de los desposeídos, hasta extremos inconcebibles para aquellos que desde que nacimos hemos contado con un plato de comida, un aula y un maestro, y un médico para aliviar nuestros dolores físicos.

 Epidemias, huracanes, terremotos y otros desastres menos imputables a la naturaleza y sí a los hombres de mala voluntad, han azotado a la hermana república, y en cada momento allí ha estado la ayuda de los cubanos, quienes no piden nada a cambio, solo el inmenso placer que se experimenta cuando realizamos una  acción que contribuye a salvar vidas.

Agréguese  el acto inmenso de iluminar con el conocimiento a niños, hombres y mujeres, o llevar la luz en la acepción material de la palabra, cuando por miles, pacientes de traumas y enfermedades oculares fueron intervenidos quirúrgicamente, de manera absolutamente gratuita, algo absolutamente impensable para muchos.

No resulta extraño entonces que el presidente cubano, Miguel Díaz- Canel Bermúdez, expresara en la inauguración del  37 Período de Sesiones de la CEPAL:

¨…Pondremos nuestros esfuerzos en apoyar la vocación de la CEPAL de impulsar la búsqueda de un mundo justo, equitativo e inclusivo que reconozca a las personas como el elemento central…¨

Eso lo hemos aprendido todos de Martí y de Fidel, y es uno de nuestros mayores orgullos.

 

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