Estados Unidos es…

En algún lugar que lamentablemente he olvidado, leí que Thomas Jefferson, uno de los padres de la nación norteamericana, afirmó:

«Todos los hombres se crearon en la igualdad. Su creador los dotó con unos derechos inalienables, entre ellos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…»

A su vez el presidente  Roosevelt prometió en su momento que finalizada la Segunda Guerra Mundial  «se respetarían los derechos de todos los pueblos a elegir sus formas de gobierno…»

Sin dudas, alguna extraña amnesia (muy oportuna, porque se ajusta a cada situación específica)  ha aquejado desde hace unas cuantas décadas a los gobernantes de la poderosa nación del norte, y por supuesto a sus acólitos, consejeros, aduladores, promotores y colaboradores, puesto que han olvidado los preceptos en los que se basó la Declaración de Independencia de su propio país.

¿Por qué? Porque no cesan de amenazar, extorsionar, chantajear, agredir por las más diversas razones, siempre que éstas tengan que ver con recursos como el petróleo, o  el posicionamiento en el complejo mapa hegemónico mundial.

Siempre bajo pretextos tan socorridos y tan poco creíbles como mantener la paz, preservar la Democracia, proteger a los ciudadanos civiles e inocentes, garantizar los Derechos Humanos, combatir el terrorismo, evitar el empleo de armas de destrucción masiva y otros muchos, simplemente han entrado a sangre y fuego en Corea,  Vietnam, Granada, Panamá, Afganistán, Irak, Libia y una lista tan larga como espeluznante.

La destrucción de una buena parte del patrimonio de la humanidad ha tenido lugar, y las víctimas suman cientos de miles, la mayoría de ellas niños, ancianos y mujeres que nada tienen que ver con conflictos armados y aunque lo quisieran, nunca serían una amenaza para nadie.

Entretanto, el «derecho de todos los pueblos a elegir sus formas de gobierno….» no pasa de ser un mero grupo de palabras hilvanadas por un orador hace un montón de años, o si alguien lo duda, que pregunte a los chilenos quién estuvo detrás del golpe Pinochetista, o a los guatemaltecos, nicaragüenses, uruguayos, argentinos y hondureños   qué sucesos dieron un vuelco a  etapas de su historia.

 

Sin ir más lejos, cuánto ha sufrido el sencillo y pacifico pueblo cubano desde que los mambises, casi triunfantes en su gesta libertaria contra las tropas españolas, vieron la victoria esfumarse por la intrusión del ejército estadounidense, con lo que se inició un largo período de gobernantes  al servicio del dólar que desangraron al país, hasta que Fidel con sus barbudos bajó de las montañas el primero de enero de 1959.

Pero no podían permitir a los hijos de la mayor de las Antillas construir su propio camino y hasta hoy  once millones de personas padecen el más cruel e injustificado bloqueo económico y financiero, y no debe olvidarse mencionar Girón, la creación y apoyo a las bandas contrarrevolucionarias, los sabotajes en campos y ciudades  y los cientos de planes para  asesinar al Comandante en Jefe.

Me asalta la memoria cuando esto escribo, un fragmento de  la película (¨Made in USA¨) titulada Killing Them Softly, del año 2013, en la cual uno de los personajes explica a otro:

«Estados Unidos no es un país… es un negocio».

Con sentencias de tal calibre, huelgan los comentarios.

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