El relevo seguro, como la continuidad

Me contaba hace algunos años una amiga que en Villa Clara, provincia de la cual Miguel Díaz-Canel Bermúdez fue primer secretario del Partido Comunista de Cuba, que  la gente tenía en alta estima su sencillez, su simpatía y su inveterada costumbre de atender a cualquier ciudadano, en el sitio más inusual, siempre que se necesitara su opinión, opara dar respuesta a un reclamo.

Narraba mi compañera que gustaba de conversar con los periodistas fuera de horario, y que se sentaba en el quicio de cualquier casa, a intercambiar con el pueblo, con el que se identificaba de manera admirable, al extremo de conocer el complicado mundo de las ¨colas¨ de los mercados y otras aparentes ¨pequeñeces¨ del día a día.

Concluida su tarea en la provincia central, el hasta hoy primer vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba, cumplió durante muchos años misiones a cual más compleja, desde el trabajo del Partido hasta el Ministerio de Educación Superior.

Y lo más importante, compartió una difícil pero fructífera época con líderes inmensos como Fidel y Raúl, y estoy seguro que asimiló como de una academia las evaluaciones constantes de su trabajo, tanto en lo que respecta a los aciertos como a la imprescindible crítica ante los errores (que siempre los hay, nadie está exento de ellos) por parte de los experimentados dirigentes.

En esa fragua se forjó el hoy presidente cubano, quien nació después del triunfo de la Revolución y constituye por tanto, el ejemplo más inobjetable de desarrollo del relevo de los ¨Históricos¨ que, como nos enseñara el Comandante en Jefe, acumulan décadas de magisterio en los más disímiles frentes.

Se refleja como resultado de ese interés de crear en la forja diaria a quienes sustituirán a los mayores, la composición del Consejo de Estado recién electo, con un promedio de edad que suma a una mediana edad (ni tan jóvenes, ni ancianos) el aval incuestionable de una obra al servicio de la sociedad y una vida ejemplar.

Véase si no el ejemplo del científico creador del Heberprot- P , el doctor Berlanga, de una modestia y sencillez extremas a pesar de su indiscutible mérito, o  Gipsy Moreno, la humilde camagüeyana convertida en campeona mundial.

No es casualidad, sino una línea de pensamiento y de acción trazada desde el mismo comienzo de esa última etapa de nuestra epopeya libertaria que concluyó, tras la Sierra Maestra, con el triunfo de enero de 1959 y que abrió de par en par las puertas de las oportunidades para los nacidos en esta isla.

Mucho trabajo le espera al presidente más joven de la historia de Cuba y  a su equipo, pero energías, talento y compromiso con el pueblo posee de sobra, como también posee el consejo oportuno y el asesoramiento de tantos hermanos de lucha que, antes que él iniciaron la obra, pero que aún continúan como constructores de la utopía que por decisión soberana, adoptamos los nacidos en la mayor de las Antillas.

Exitos, compañero Miguel Díaz Canel Bermúdez, y felicidades.

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