Si me dejaran oír

Ahora más que nunca añoro a aquellos gorriones que merodeaban por el tejado de mi vecina y podía divisar desde mi ventana. Su trinar me daba tanta calma y tranquilidad como el silencio decente de la anciana que sabía iba a extrañar cuando partiera definitivamente de esta tierra… Entonces todo cambió. Mis nuevos vecinos son bastante ruidosos. Si no saben hablar en voz baja !qué más necesito decir! Ahora supongo se han comprado un nuevo equipo de música. A cualquier hora del día perturban el sosiego familiar de la vecindad más cercana. Pero esta historia no es exclusiva. Muchas experiencias como la mía, o aun peores, se viven a diario en Camagüey La contaminación acústica es, quizás, la causa más frecuente de quejas de la población y una indisciplina social de “altos decibeles” porque, sobre todo, falta exigencia en el cumplimiento de las legislaciones establecidas. Más de dos millones de personas en Cuba están expuestas a sufrir pérdida de la audición y otros trastornos de salud por niveles de ruido superiores a los 65 decibeles, límite máximo al que se puede exponer el ser humano sin que ello le ocasione malestares, según los estándares establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Esta comparación es ilustrativa: el canto de un pájaro no supera los 10 decibeles, mientras el claxon de un automóvil puede llegar a 90, el de una carpintería a 150 y el de una motocicleta y una discoteca a 110. Cada año aumentan las personas expuestas a sufrir pérdida de la audición y otros trastornos de la salud como la irrigación cerebral, la fatiga, el estrés y modificaciones del ritmo cardíaco por la exposición continúa a los ruidos. Normas mundiales fijan los niveles sonoros admisibles, de acuerdo con los lugares y los horarios, para garantizar una vida en armonía. Los límites aceptables para el ruido son 65 decibeles durante el día y 55 en la noche. El oído humano está apto para soportar unos 85 decibeles en estado de riesgo, 90 de peligro y 120 de dolor. Por encima de estas cifras, el ruido es perjudicial para el organismo y el tímpano puede estallar. En Cuba se encuentran vigentes leyes, normativas y reglamentos de carácter laboral, ambiental, de vialidad, de tránsito, de salud y de seguridad relacionados con el ruido, su impacto, medición y control. Pero todas se infringen a diario. El mayor número de los reclamos de la población en este sentido es valorado por las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) dadas las implicaciones de este fenómeno en la calidad de vida del hombre, no obstante una parte significativa de casos son vistas de conjunto con el CITMA, por ser este el organismo rector en la materia. Los estudios e investigaciones para localizar el origen o procedencia, naturaleza, grado, magnitud o frecuencia de las emisiones de ruido, vibraciones mecánicas y otros factores físicos así como determinar sus efectos sobre el medio ambiente y las medidas a tomar en cuenta para su eliminación y atenuación, son estrategias que se llevan a cabo en Cuba. Como en el resto del mundo, en la Isla el ruido tendrá cada vez más elevada implicación en la vida económica y social. Si no aparecen formas coordinadas para bajar el volumen a su atronadora propagación, si no se hacen cumplir las leyes, si las personas ignoran los comportamientos adecuados e irrespetan al prójimo, seguirá el avance desenfrenado hacia un mundo de sordos e hipoacúsicos. Pero la pregunta es: ¿Lograremos evitarlo?

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