La cortesía, una necesidad como norma de vida

[caption id="attachment_16408" align="alignleft" width="232"]cari1 (Caricatura de Pitín, Blog Desenlace)[/caption] ¨Nunca es un niño más hermoso que cuando lleva entre sus manitas… una flor para su amiga…¨ Sirvan estas palabras de José Martí, uno de los más grandes pensadores americanos de todos los tiempos y apóstol de la independencia de Cuba, para introducir un tema  que como todos los que formaron su ideario, tiene plena vigencia hoy, mañana y siempre. Se trata de algo tan inapreciable, pero tan raro en nuestros días como  la elegancia en el diálogo, la cortesía en el trato, la delicadeza del lenguaje y la conducta, forma de pensar y de actuar que para nada está reñida con la virilidad o la firmeza de opiniones. En Cuba, país donde la educación es gratuita hasta el nivel superior, y donde los universitarios suman cientos de miles, lamentablemente no es práctica usual el ser corteses y mostrar esa ¨educación de cuna¨ que nos enseñaron  padres y abuelos, algunos de ellos en el caso de mi generación, casi analfabetos, pero con un exquisito ¨saber comportarse¨. Pobre iluso quien al  llegar a un local repleto de personas del más variado tipo, sean profesionales, obreros, estudiantes, científicos, deportistas o soldados,  espere la natural correspondencia  a su ¨Buenos días, o buenas tardes, o buenas noches¨. Cuando más alcance su elemental saludo, será un alzar la vista, que posiblemente resbale por sobre su figura como sobre un mueble cualquiera, y se reanudarán de inmediato (si es que se interrumpieron) las conversaciones. Y decía nuestro Martí, que instrucción no es lo mismo que educación: aquella se refiere al pensamiento y esta principalmente a los sentimientos. Proliferan como las malas hierbas conductas de esta índole, algunas que rozan lo antisocial, como  lanzarse improperios en plena vía pública, gritar las tan llevadas y traídas ¨malas palabras¨ sin razón alguna, y sobre todo, tratar a los demás con insolencia e irrespeto, independientemente de la edad del agraviado. Así, cualquier mocetón sin camisa, vistiendo un short y calzando chancletas de baño conduce su bicicleta como si fuese un acróbata o persiguiera un record de velocidad, e increpa al anciano que apenas tiene tiempo para alcanzar la acera; subir a un transporte público es toda una odisea para las personas de la tercera edad o  las embarazadas. Pobre de quien se atreva a llamar la atención al irrespetuoso, que verá llover sobre sí y tal vez sobre sus ancestros todo tipo de injurias, hasta llegar en algunos casos a las amenazas de agresión física. No está reñido con la hombría,  la moda,  la originalidad o las libertades, el comportamiento correcto y decoroso, el respeto al otro, sea un niño, una mujer o un anciano, todo lo contrario. Decía Martí: ¨No es la inteligencia recibida y casual lo que da al hombre honor, sino el modo en que la usa y la salva…¨ Y agregó en otro de sus exquisitos pasajes: ¨la bondad es la flor de la fuerza…¨

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