Todo menos derecho

En tiempos de violencia desatada en los cuatro puntos cardinales, en momentos en que la paz mundial pende de un hilo, y las bombas y cohetes caen por doquier matando lo mismo a talibanes que a miembros del Estado Islámico, a niñas y niños en una escuela, religiosos en una mezquita o simplemente enfermos en un hospital, parece una paradoja hablar de derechos humanos. Y precisamente quienes más alzan la voz y gritan a los cuatro vientos su autoproclamado respeto por nuestros semejantes, son quienes más los vulneran en África, Medio Oriente o donde les plazca, de acuerdo con sus intereses hegemónicos y de dominio de los recursos.Aún con los intentos del presidente Obama de eliminar el bloqueo que mantienen los Estados Unidos por más de medio siglo contra una pequeña isla del Caribe, los paladines de los Derechos Humanos torpedean una y otra vez la flexibilización del cerco, tan irracional como ineficiente. Y dañan incluso sus propios intereses, pues los seres más libres del planeta, los que viven en la mayor y mejor de las democracias, simplemente no pueden viajar a Cuba ni vender productos ni comprar absolutamente nada, o invertir en las numerosas opciones que se ofrecen al capital extranjero, a tono con el perfeccionamiento del modelo económico de la mayor de las Antillas. Esos son derechos inalienables que se vulneran a diario, para no hablar ya de las privaciones a que se someten once millones de personas que no han declarado la guerra a nadie, ni constituyen peligro alguno, como no sea el de su viril ejemplo, el de su elección soberana del rumbo a seguir. Pero en el saco de las incoherencias cabe más, mucho más: ¿Qué país es ese en el que un negro no puede salir a la calle, simplemente a estirar las piernas, o a comprar un refresco en plena tarde, sin el riesgo de que un policía confunda la botella de la bebida con una pistola, y dispare sin más ni más… sin que pase absolutamente nada? ¿De qué derechos hablan los vociferantes paladines de la democracia y las libertades si los niños no pueden asistir a clases, presos del temor a que cualquiera de sus compañeros en lugar de sacar de la mochila un cuaderno, extraiga un arma automática y la emprenda a tiros con profesores y alumnos? Esos que critican a diestra y siniestra, aquellos que ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio, los mismos que se auto titulan guardianes de la paz, amantes del ser humano y respetuosos de sus semejantes, mientras violan cada segundo los más elementales valores, me recuerdan una tan vieja como certera frase empleada en mi país: ¨moral en calzoncillos¨.

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