Camagüeyanidad

Orgullosos tras las celebraciones del  aniversario 500 de nuestro Camagüey,  bien vale referirse a un sentimiento que en nuestro país llamamos cubanía: reflejo  pleno y responsable, sentido y deseado conscientemente y que en esta comarca de Pastores y Sombreros, al decir del Poeta Nacional Nicolás Guillen, referimos como camagüeyanidad. El destacado escritor  agramontino  Roberto Méndez, lo define como:  “algo donde se entrelazan El Lugareño, Emilio Ballagas y un habitante cualquiera de la ciudad” y lo reafirma al expresar que “el camagüeyano  ha querido demostrar que es tan buen científico o tan buen viajero, tan buen poeta y hasta tan buen ciudadano como el que más” A ello agrega que es de significar la herencia de una tradición tan larga de periodistas, pedagogos y muchos más que jamás perdieron el tinte, aunque no permanecieran en la región, lo que reafirma el sentido de pertenencia de los camagüeyanos. Tiene la historia reservado momentos y lugares que ratifican el porque del orgullo nuestro de sentir esa camagüeyanidad  donde quiera que nos encontremos. Miremos la profunda huella que nos legó Ignacio Agramonte, desde su impronta en la guerra de MIL 868 y su legado de honor en su corta vida, expresado con viril claridad al responderle a aquellos que le increparon que con que continuarían la guerra, cuando dijo, hoy rectificado por el Doctor Eusebio Leal,  con LAS VERGUENZAS Es por ello que con orgullo los camagüeyanos nos llamamos Agramontinos, manifestación exclusiva de nuestro terruño y sobre la que en visita a nuestra ciudad, Ricardo Alarcón de Quesada, quien presidiera por varios años el parlamento cubano,  dijo:  “ojala que todos los cubanos pudieran llamarse así”. Camagüey guarda en su historia la fundación, en los primeros días de agosto de  1925 de la Confederación  Nacional Obrera de Cuba y el 21 de Octubre de 1959 sus hijos fueron protagonistas de la Primera Marcha del Pueblo combatiente, encabezada por  el Comandante en Jefe Fidel Castro,   al desarticular la traición de Hubert Mato. Sí, mucho agrada y enorgullece a los hijos de esta tierra sentirse camagüeyanos y sobre todo hacer gala de esa camagüeyanidad que nos distingue,  por la que algunos nos califican de orgullosos, y que para bien sea.

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